No escribo sobre la clandestinidad o la cárcel por dos razones: la primera, que cuando pretendo buscar las versiones de mis compañeros sobre un hecho determinado, como en la novela Rashomon, todos me dan versiones diferentes de una misma realidad. La segunda, porque cuando intento escribir de lucha armada o cárcel me entra una ansiedad y una indignación que nunca me permite pasar de la primera página. Hoy voy a hacer la excepción y tocar el tema muy superficialmente, porque es de actualidad.
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